La profesora que enseña a soñar a través de la lectura

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… se entusiasmen con la lectoescritura la aplica en su trabajo como docente orientadora de la Institución Educativa Isabel María Cuesta González.


Lina Antonella Solano ya completa 15 años enseñando a leer a niños pobres de Riohacha. Serie.

Bajo la sombra de un viejo árbol de trupillo, ubicado enfrente de lo que sería la terraza de un cambuche, recubierto cuidadosamente en su fachada con almanaques viejos de publicidad, está el punto donde cada 15 días, sin falta, se reúne Linda Antonella Solano con un grupo de niños para enseñarles a través de la lectura a soñar y escapar de la dura realidad en la que viven.

Para iniciar la actividad, Linda recorre cada una de las viviendas, invitando y motivando a los menores, en su mayoría inmigrantes venezolanos y de la etnia wayú que habitan en Villa del Sur, un deprimido barrio de invasión que surge en la periferia de Riohacha desde hace más de un año y que es habitado por unas 800 familias.

Durante dos horas, los menores escuchan con atención y participan de las lecturas junto con Linda, una poeta y sicóloga que dedica parte de su tiempo libre a fomentar la lectura en comunidades pobres, en busca de que estos menores transformen su vida, su mente y su corazón.

“La lectura es un proceso con el que el menor puede navegar, sumergirse, cambiar los entornos y ser un poco más feliz. Los rostros de los niños cuando leen algo o realizan un dibujo son, de otra manera, cambian sus niveles de creencia y pueden descubrir que hay otro camino”, señala Solano.

Los niños llegan poco a poco, unos con silla, la cual comparten con otro compañero y el resto se obtiene gracias a la colaboración de los vecinos. El número de asistentes varía de acuerdo a la jornada. “Normalmente asisten unos 20 menores y cuando hay obsequios, pueden llegar hasta 100”, agrega.

Entre los pequeños que asisten a la cita de cada 15 días está Samuel Uriana, de 7 años, quien llegó acompañado de su hermano y su silla, que ambos comparten. “Me gusta escuchar a la profesora leer los cuentos”, dice timidamente.

EL TIEMPO la acompañó en esta actividad en la que les compartió la lectura del libro Juégatela por el Putchipu, La Confianza y la Paz, de un colectivo de la Corporación Pezcarte, la cual dirige y que forma parte de la estrategia ‘Una nueva historia’, que lidera la oficina del Alto Consejero de Paz.

Al finalizar las actividades de lectura, los menores reciben un refrigerio que muchas veces sirve de gancho para atraer a esta población que no asiste al colegio y con altos niveles de pobreza.

“Nos parece importante estas actividades, ya que los menores no tienen a dónde ir, ni un lugar dónde jugar”, sostiene Juan González, uno de los migrantes venzolanos que comparte la vivienda con hermana y familia. En total, cinco adultos y tres menores habitan en un pequeño cambuche.

Luisa Torres, de unos 8 años de edad, asegura que le gusta participar de estos encuentros para leer y escuchar las historias que le relatan.

Ella es una de los pocos menores que asisten a la escuela y lo hace en la zona rural, en el Centro etnoeducativo Madre Verónica, a unos dos kilómetros de su casa.
Para ello, debe caminar unos 10 minutos hasta la carretera y esperar el transporte escolar.

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